1 de julio de 2008


Estaba sentada en aquel inmenso patio con grandes árboles que con la ayuda del viento recitaban las melodías más maravillosas del universo.
Ella los observaba, y aunque mi mayor interés era saber porque lo hacia con tanto interés nunca me anime a preguntar, parecía que aquellos atardeceres la encandilaban.
Hasta que un día mi intriga pudo mas, solo me acerque a ella con una sonrisa encantadora y sentándome a su lado como si mi verdadera intención fuera la de formar una amistad, le pregunte que era eso que observaba día a día hora tras hora en los enormes árboles del lugar.
Sin mirarme a los ojos contesto que no miraba los árboles, sino las hojas que colgaban de el.
Sin entender mucho le pregunte que con que sentido lo hacia y me dijo que era la comparación perfecta con la vida de una persona y que le encantaba jugar a que aquellas hojas eran personas.
Reí con disimulación y por un momento creí que la locura la invadía, una muy distinta a esa que me invadía a mi, pero en definitiva las misma locura que nos invade a todos.
Y comencé a mirar aquel árbol y aquellas hojas, después de mucho tiempo observándolas comprendí que es lo que ella me había querido decir, que es lo que veía en aquellas hojas.
Nosotros somos las simples hojas que cuelgan de aquellas ramas sostenidas de inmensos troncos, hasta que un día el peso de nosotros mismos se hace tan fuerte que no podemos mas y nos dejamos caer, nosotros y el nos deja caer.
El árbol, las ramas, las hojas que nos rodean, simplemente nos dejan caer por cansancio o por algo que todavía no se que es.
Somos una hoja en un gran árbol, si caemos alguien nota la diferencia?

1 comentario:

Lucie dijo...

Yo si notaría la diferencia.
Nunca fuí un árbol y no me gustaría serlo. Pero dejar caer una hoja TAN IMPORTANTE como sos vos para mi, yo creo que si notaría la diferencia.
Teng sueño, chau.